- Especialistas alertan que las distracciones en computadoras y tabletas podrían estar detrás de la caída en los resultados educativos registrada en varios países
Ciudad de México, 15 de julio de 2026.- La incorporación masiva de computadoras portátiles y tabletas en las aulas, impulsada principalmente tras la pandemia por COVID-19, ha abierto un nuevo debate sobre el impacto de la tecnología en la educación. Aunque estos dispositivos facilitaron el acceso a las clases y a los materiales escolares, cada vez más investigaciones advierten que también se han convertido en una fuente constante de distracción para los estudiantes.
De acuerdo con una publicación de The New York Times, la disminución en los resultados de pruebas estandarizadas comenzó incluso antes de la pandemia, alrededor de 2012, coincidiendo con la expansión de los teléfonos inteligentes y, posteriormente, con el uso generalizado de laptops y tabletas dentro de los salones de clase. La psicóloga Jean M. Twenge, profesora de la Universidad Estatal de San Diego, sostiene que el problema ya no se limita al uso del teléfono celular, sino también a las computadoras entregadas por las propias escuelas.
El artículo señala que numerosos estudiantes utilizan estos equipos para ver videos, jugar, navegar en redes sociales o acceder a contenidos ajenos a las clases, reduciendo significativamente el tiempo efectivo de aprendizaje. Un estudio citado por la autora encontró que estudiantes universitarios dedicaban cerca del 40 por ciento del tiempo de clase a actividades no relacionadas con sus materias cuando utilizaban laptops. Asimismo, un informe de la UNESCO concluyó que el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede afectar el rendimiento escolar debido al incremento de las distracciones.
Ante este panorama, diversos sistemas educativos han comenzado a replantear el uso de la tecnología en las escuelas. Algunas jurisdicciones en Estados Unidos ya restringen no solo los teléfonos celulares, sino también las computadoras personales durante la jornada escolar. La autora plantea que recuperar actividades como la lectura en papel, la escritura a mano y un uso más controlado de la tecnología podría favorecer nuevamente la concentración y el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.

