- Una enorme masa de hielo cayó unos mil 200 metros, arrastró rocas y sedimentos y bloqueó temporalmente un río; al romperse la presa natural, una gigantesca corriente arrasó poblaciones e infraestructura
Nepal, 27 de agosto de 2026.- La devastadora riada que arrasó poblaciones enteras en la región fronteriza entre Nepal y el Tíbet comenzó kilómetros montaña arriba, con el desprendimiento de una enorme sección de un glaciar del Himalaya, de acuerdo con los primeros análisis científicos del desastre ocurrido el miércoles.
Imágenes satelitales permitieron identificar el colapso de la parte inferior de un glaciar, a unos 5 mil 200 metros de altitud. La gigantesca masa de hielo cayó aproximadamente mil 200 metros hacia el fondo del valle, incorporando a su paso rocas y sedimentos hasta convertirse en una avalancha de enormes proporciones.

La avalancha alcanzó el río Lhende, en el Tíbet, y los escombros bloquearon temporalmente el cauce, formando una presa natural. Cuando ésta cedió, liberó violentamente el agua acumulada junto con hielo, lodo, piedras y otros materiales hacia los valles ubicados río abajo.
La corriente avanzó por los sistemas de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. En este último, el nivel del agua llegó a elevarse alrededor de nueve metros en apenas 30 minutos, lo que ayuda a dimensionar la fuerza con la que la inundación alcanzó las comunidades.
No fue un sismo el que provocó el desastre
En las primeras horas se manejó la hipótesis de que un movimiento sísmico habría provocado el desprendimiento del glaciar. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) revisó posteriormente los registros y concluyó que la señal sísmica fue generada por el propio colapso del hielo, las rocas y el posterior flujo de escombros, y no por un terremoto previo.
Los especialistas todavía investigan qué desestabilizó el glaciar. Entre los factores bajo análisis se encuentra el rápido derretimiento de nieve asociado a temperaturas elevadas. Nepal ha perdido cerca de un tercio de su hielo glaciar durante las últimas tres décadas, mientras el calentamiento incrementa la vulnerabilidad de estas regiones montañosas. Los científicos advierten, no obstante, que todavía es prematuro atribuir este evento específico únicamente al cambio climático.
La magnitud de la tragedia sigue creciendo



El saldo continúa modificándose conforme los equipos de rescate consiguen ingresar a las zonas devastadas. Las cifras disponibles este jueves ya superan ampliamente las más de 160 muertes y alrededor de 500 desaparecidos reportados durante las primeras horas.
Los reportes más recientes sitúan en más de 350 las personas fallecidas y más de mil 300 las desaparecidas entre Nepal y el Tíbet, aunque las cifras continúan actualizándose. Entre quienes no han sido localizados hay cientos de extranjeros que se encontraban en la región por turismo o peregrinaciones.
Carreteras, puentes, viviendas e infraestructura energética quedaron destruidos o sepultados. La magnitud de los daños y las condiciones del terreno mantienen aisladas algunas comunidades y complican las operaciones de búsqueda y rescate.
Lo que inicialmente parecía una inundación repentina provocada por un sismo resultó ser una compleja reacción en cadena iniciada en lo alto del Himalaya: el colapso de un glaciar, una avalancha de hielo y roca, el bloqueo de un río y finalmente la ruptura de una presa natural que liberó una corriente devastadora.
Foto: Tiempo digital
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