- Dos hombres fueron detenidos por presuntamente reclutar adolescentes de otros estados para obligarlos a vender droga en Quintana Roo
Tulum, Quintana Roo, 23 de junio de 2026.- Un adolescente de 16 años salió de Chiapas creyendo que trabajaría en un restaurante de Tulum. Otros tres jóvenes dejaron Michoacán, Tamaulipas y Estado de México convencidos de que encontrarían empleo en la industria turística, sin embargo de acuerdo a información de la Fiscalía General del Estado (FGE), ninguno llegó a lo que le prometieron.
Las autoridades informaron la detención de dos hombres acusados de atraer adolescentes mediante falsas ofertas de trabajo para posteriormente obligarlos a vender droga en este destino turístico.
De acuerdo con las investigaciones, uno de los detenidos viajaba frecuentemente a Chiapas para captar menores de edad, mientras que el segundo utilizaba redes sociales para contactar jóvenes de distintos estados del país. A las víctimas les ofrecían empleo, apoyo económico para trasladarse e incluso boletos de viaje.
Al llegar a Quintana Roo, presuntamente eran retenidos, incomunicados y obligados a participar en actividades relacionadas con el narcomenudeo.
Pero más allá de la detención, el caso vuelve a encender una alerta que organismos internacionales y defensores de la infancia han venido advirtiendo desde hace años: el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado.
UNICEF ha señalado que miles de menores en México se encuentran en riesgo de ser captados por grupos criminales, particularmente en contextos marcados por la pobreza, la violencia, la deserción escolar y la falta de oportunidades. En muchos casos, el reclutamiento ocurre precisamente mediante engaños, falsas ofertas laborales o promesas de una vida mejor.
La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) ha advertido que el crimen organizado utiliza cada vez con mayor frecuencia a menores de edad como vigilantes, mensajeros, distribuidores de droga o integrantes de estructuras delictivas, aprovechando su vulnerabilidad y la escasa capacidad institucional para detectar estos casos.
Lo ocurrido en Tulum confirma que esta realidad también alcanza a Quintana Roo.

